Emme apareció ante mi puerta con una amplia sonrisa en la boca, aunque en sus ojos había otro mensaje. Y yo, así, medio desnuda, a medio vestir, con la expresión de la lujuria dibujada en mis ojos y notándome tan mojada que pensaba se escurrían mis efluvios por las piernas mientras en mi mente golpeaban una y otra vez ideas, una tras otra, que se presentaban ante mis ojos como si fueran una película.

¡Hola! –dije saludándola con un beso y entrando como un trompo, sin darle tiempo a nada. Ufff... he ido por unas compras al centro comercial, no soportaba más el calor... y me he encontrado en el Infierno! ...jajajajajaja ...¿tú que hacías?
He tenido un día de esos tremendos –Parecía como un demonio desbocado. Se dejó caer en el sofá y suspiró pero no iba a decirle nada.
Mirá… te he pensado. –saqué su regalo y se lo entregué.
¡Wowww! ¿Y por qué?
¿Debe haber un motivo? –repliqué. Anda… que lo he visto y te he imaginado con él.
Voy a probarmelo ¿Te importa?
Noooo… es lo que estoy esperando que hagas desde que he llegado! –y no ocultaba mi entusiasmo, las compras, por así decirlo, me habían cargado de energía.

Ahí mismo, sin ninguna cortapisa, me quité la camisa y me pasé el vestido.

Creo que esto quedaría mejor si me pusiera algo que sujetara estas tetas –dije mientras me las acomodaba. ¿No crees? –pregunté. Y Emme se levantó hasta situarse frente a mí. Ni dudó un segundo en meter las manos en mi escote, en tomar mis pechos y ponerlos en su sitio.
No creo haga falta… basta que acomodes bien tu seno… –le dije mientras lo hacía yo misma colocando mis manos a través del escote.

Luz tenía un cuerpo voluptuoso. Su piel era clara y suave, y ese color morado resaltaba su belleza. Apenas toqué sus pechos noté su calor, y no pude evitar acariciarlos con cierto gusto, rozando apenas sus pezones. Para qué negarlo, luego de lo ocurrido en aquel negocio, seguía excitada, y Luz estaba allí… y ardía.

Sentí el impulso de besarla y estampé un beso en la mejilla, salvo que ella tomó mis rostro en sus manos y el beso se dibujó en mi boca. No retrocedí. Mi lengua avanzó entre sus labios. Apartó su cara. Me miró y pensé que iba a decir algo pero no, su reacción fue evidente. Aquel beso empezó a ser un juego de lenguas en medio de un mar de salivas. Sus manos comenzaron a perderse en mi cuerpo y las mías desabrocharon y abrieron su jeans, buscando las caderas Y pensé… Y actué… Mis dedos se colaron por debajo de su braga, apartando la tela a la altura de su vulva. Estaba depilada y se humedecieron al roce de sus labios cuando ese gemido, como un quejido, exhaló de su garganta

Estaba muy mojada, los dedos de Luz estaban haciendo vibrar cada célula. No contuve los gemidos. Mis manos alzaron el vestido que apenas le habìa regalado y volvieron sobre sus pechos. Quité mi propia camisa y mi sujetador, apurada. Deseaba sentir su seno contra el mío. La miré fijo a los ojos mientras mi lengua le delineó los labios otra vez… comenzando a bajar por su cuello. Tomé uno a uno sus pezones en mi boca.

Pensé en él y en lo que podría gustarle la situación. Dos hembras ante sus ojos, desvirgándose las vergüenzas. Aquello me puso más caliente amén del juego que Emme hacía con su lengua sobre mi piel. Notaba como la excitación me lubricaba y el tacto de sus dientes en mis pezones, erizándolos Me dejaba hacer. Ya vendría mi momento. Ahora era su juego y la dejaba jugar.

Lamía y mordía uno, en tanto que pellizcaba el otro. Sentía mi propia excitación entre las piernas. Ya me había deshecho del jeans y las bragas. Luz permanecía en pie, dejándose hacer. Por lo que bajé por su vientre, hasta hundir mi rostro en su sexo. Olía a hembra en celo, a almendras, a algo que no resistía a probar.

Miré en el espejo que había enfrente. Mis piernas abiertas. Emme a mis pies, entre mis piernas, juntando su saliva con mis flujos, excitándome tanto que mis gemidos se acumulaban en la garganta. El saber que me lamía en el mismo lugar que él me había lamido me ponía muy perra.

Mis manos le sujetaban el culo y mi lengua seguía jugando con su clítoris… henchido… duro. Sentía como me presionaba entre sus piernas, demandando más… y más tendría. La deseaba, a ella, allí, ya.

Su pelo se enredaba en mis dedos, sujetando su cabeza como si deseara que se clavara en mi sexo. Sentía su lengua completamente avenida a mí, lamiendo de arriba abajo, desde el pubis hasta atrás., y mis jugos se mezclaban con su saliva. Doblaba mis piernas y la hundía más en mí sin dejar de mirar el espejo en el que nuestros cuerpos desnudos se reflejaban. La veía tan dispuesta a darme ese placer que yo buscaba.

Me excitaba hundirme en ella, saborearla una y otra vez. Ella se entregaba a mí; a mis manos, a mis dedos, a mi boca. La sentía temblar, sentía su sexo contraerse. Estaba por derramarse en mi boca, y yo no esperaba otra cosa. Rocé uno de sus pezones, lo pellizqué, deseaba que gritara su orgasmo. Quería hacerla chillar.

Sus dedos se metían y salían una y otra vez, mientras su lengua lamía mi clítoris. Bajé mis manos y le abrí mi sexo. Lo expuse. Una de sus manos subió por el centro de mi vientre hasta llegar a uno de mis pechos. Mis pezones estaban tan duros que dolían... Podría gritar su nombre en esas convulsiones que me hacían temblar entera, ahogar mis gemidos en el fondo de mi garganta o babear como babeaba mi coño en su boca... Me derramé en ella. Temblando. No dejé que apartara su rostro de entre mis piernas. Quería se lo bebiera todo... hasta la última gota de mi deseo...













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